El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reconocido por primera vez de forma explícita que el dispositivo de control fronterizo de Marruecos falló durante la entrada masiva de migrantes en Ceuta a finales de julio. En una entrevista concedida a CNN desde Nueva York, Sánchez ha asegurado además que el Ejecutivo español ha reclamado a Rabat «respuestas y acciones» tras lo ocurrido.
«En los últimos ocho años hemos desarrollado una relación muy positiva con Marruecos. Hemos pedido respuestas y acciones a Marruecos, porque está claro que su mecanismo de control fronterizo falló», ha afirmado el presidente. Sus palabras introducen un cambio significativo respecto a la posición que había mantenido públicamente el Gobierno durante las semanas posteriores a la crisis.
A comienzos de septiembre, Sánchez defendió ante el Congreso la actuación de su Ejecutivo y aseguró que no existían pruebas sólidas procedentes de los servicios de inteligencia españoles o europeos que permitieran responsabilizar a Rabat de haber organizado la llegada masiva. Esa posición había permitido a Moncloa evitar una acusación directa contra Marruecos mientras reclamaba evidencias antes de atribuirle una responsabilidad deliberada.
La nueva declaración establece, sin embargo, una diferencia entre una posible actuación intencionada de Marruecos —algo que Sánchez sigue sin atribuir a las autoridades del país vecino— y el fallo de sus mecanismos de vigilancia y contención fronteriza, que el presidente considera ahora evidente.
La crisis comenzó el 30 de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta en una entrada sin precedentes que desbordó los controles fronterizos. La mayor parte regresó a territorio marroquí durante los días posteriores, aunque miles permanecieron en la ciudad autónoma, generando una grave crisis migratoria, política y humanitaria.
Las palabras de Sánchez llegan en un momento especialmente sensible para las relaciones entre España y Marruecos: el Gobierno mantiene la cooperación con Rabat como uno de los pilares de su política exterior y migratoria, pero reconoce ahora públicamente que el sistema marroquí encargado de controlar la frontera no funcionó durante la crisis de Ceuta.


